Qué extraño. Aquí, en el final, solo puedo pensar en el comienzo.

Qué pequeña eras entonces. Un pequeño pajarillo, brillante como una gema, probando sus alas. Cada vez que echabas a volar, me dejabas sin aliento. Debería haber estado más presente en aquellos momentos, pequeña. Ya no volveré a verte volar jamás.

Y Kralkatorrik, el que te apartó de mi lado, se nos ha escurrido de entre los dedos. El final ha llegado. Sin ti, ¿qué esperanza le queda a Tyria? Ahora mi deber es ser testigo del fin de todas las cosas. Quedarme al lado de tu caparazón mientras espero que la realidad se derrumbe a mi alrededor.

No me da miedo. ¿Cómo iba a dármelo? Mi mundo acabó en el momento en el que tu corazón cesó de latir.

El Árbol Pálido, el Sueño, la Tabla de Ventari... Todo eso nos enseñó que los sylvari nacen completamente desarrollados. Pero antes de conocerte, no era más que una niña. Creía que era la criatura más importante del mundo.

Cometía muchísimos errores.